Todo tiene curación, con renuevos de pulsos y un renacer de pausas
La conciliación es una pausa, un reencuentro de pulsos. Cada vez que nos convocamos como ciudadanía, sin fronteras ni frentes que lo impidan, hemos de hacer un reposo sobre lo vivido y reflexionar. No hay mejor latido, que desvivirse por vivir en comunión y en comunidad. Este regalo existencial es lo que nos reconstruye el sentido humanitario, frente a la actual atmósfera
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